Muchas corridas hemos sudado al punto que nuestras herraduras ya se ven gastadas.
Es el momento: es tiempo de observarnos y contemplar, y ahora al galope,
avanzar más aliviados, humanos y libres.

Pensando el fotoperiodismo.

Adrián Mariotti

viernes, 11 de febrero de 2011


Me hice niño.
Me hice vulnerable
Me dejé paseando por la plaza
jugando con ternura
Y pasaste con tu inocencia
que despertó mi locura
Así te hice tan bella
y grande como mi entrega.

Dimos el salto para encontrarnos
en el vacío que separa
estos vagones herrumbrados.
Y nos abrazamos suspirando
 suspendidos como plumas 
sostenidas por el viento.
Te vi la inocencia que no encuentro
allá afuera en el mundo del movimiento.

Y tu cabeza de papel mashé 
aún sigue girando,
mezquina esquina de tu vida
que fue justo a dar como espina
en mi corazón de gelatina.

El fuego que desperté contigo 
aún sigue prendido, 
y si bien en tu piel
y olores estuve entretejido,
tus frías aguas profanaron 
lo que podría haber sido.

Y aunque mi comprensión final
me vacía de toda intención
no me da igual estar sin vos, 
sánguche de violetas en pan lactal.


Y rompimos, y el fruto que aún no 
había madurado una mano
de allí lo arrancó.
¿Fue el egoísmo que
sólo te deja pensar en vos?
¿Qué me falta cuando estoy con vos?
¿Qué pierdo al decirte adiós?
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2 comentarios:

MARIBEL dijo...

Maravillosos sentimientos en letras!!!

Adrián Mariotti dijo...

Gracias Maribel! qué bueno que te haya gustado

La Historia de las Cosas